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domingo, 10 de febrero de 2008

TRATAMIENTO DURANTE EL EMBARAZO

No existen dudas de que el tratamiento antirretroviral es claramente beneficioso para la mujer embarazada. El riesgo de transmisión al bebé se reduce significativamente por lo que TODAS las mujeres embarazadas deben ser tratadas con medicamentos que tengan acción contra el virus de la inmunodeficiencia.

Sin embargo, hoy en día ningún tratamiento elimina por completo este riesgo y no existe forma de diagnosticar al bebé antes de que nazca. Además, se desconoce el efecto que muchos de los medicamentos utilizados para el sida pueden tener sobre el desarrollo del feto. Por lo tanto, a la hora de tomar decisiones sobre qué hacer se deben tener en cuenta los riesgos-beneficios para el niño y para la madre, teniendo en cuenta los medicamentos que haya tomado la madre previamente así como si existe experiencia con los fármacos.

El único fármaco aprobado para el uso durante el embarazo es la zidovudina (AZT). Éste se da a la madre por vía oral durante todo el embarazo, por vía intravenosa en el momento del parto y en gotitas al recién nacido durante sus seis primeras semanas de vida. El estudio más importante realizado hasta ahora con este medicamento administrado de las tres formas consiguió disminuir la transmisión de un 25% a un 8% sin afectar negativamente al desarrollo de los niños.

Además se han investigado otras estrategias, como dar nevirapina a la madre durante el parto y al recién nacido en sus primeras horas de vida. La ventaja de esto es que es barato y puede ser utilizado en países en vías de desarrollo. También puede usarse en mujeres que no han recibido tratamiento durante el embarazo por no haber consultado o por haber descubierto que eran seropositivas al final de la gestación. En los casos en los que la madre no recibe tratamiento durante el embarazo o el parto, se debe administrar al bebé justo después de nacer, lo que permitirá disminuir las posibilidades de contagio.

Combinar varios medicamentos

La combinación de fármacos es muchos más eficaz para el control de la infección VIH que el tratamiento con un solo medicamento. Esta afirmación es válida en todos los enfermos, por lo que debería serlo también en las embarazadas. Las dudas que se puedan plantear a la hora de dar un solo medicamento (AZT o nevirapina) o varios se basan en la ausencia de estudios que vean si las combinaciones son perjudiciales para el feto.

Al inicio del uso de tratamientos combinados se comunicaron algunas complicaciones, del tipo parto prematuro o hemorragia cerebral. La combinación AZT, 3TC e indinavir parecía ser la más frecuentemente implicada en estos problemas, pero no está claro hasta qué punto eran los medicamentos los responsables de las complicaciones o existían otros factores.

Posteriormente, con la excepción del efavirenz (Sustiva), no se han detectado defectos de nacimiento que puedan ser atribuidos al uso de medicamentos contra el VIH, ni en humanos ni en animales. En estudios con animales, el efavirenz causó graves daños cerebrales, por lo que se recomienda evitar su uso durante el embarazo.

Como la hiperbilirrubinemia, (el aumento en la sangre de la bilirrubina, un pigmento producido en el hígado) de las embarazadas, puede causar daños al feto en desarrollo, se aconseja vigilar a las pacientes que toman inhibidores de la proteasa, ya que estos fármacos pueden aumentar la bilirrubina en la sangre.

Como resumen se puede decir que no se puede dar ninguna garantía absoluta a las mujeres embarazadas, por lo que la decisión debe tomarse de forma individualizada. Es importante que el médico y la madre decidan de forma consesuada.

¿CUÁNDO EMPEZAR?

En el primer trimestre, el riesgo de contagio es relativamente bajo, y las posibilidades de que los medicamentos produzcan problemas son mayores. Por ello , si no hay urgencia médica (por ejemplo una infección difícil de controlar si no aumentan las defensas de la madre) puede resultar beneficioso retrasar su inicio hasta la semana 12-14 de embarazo. En caso de que la embarazada quiera iniciar el tratamiento de forma inmediata para reducir los riesgos de contagio no se debería negar esta opción.

Cuando la mujer se entera de que es seropositiva después del primer trimestre se aconseja comenzar el tratamiento de forma inmediata. Incluso en fases tardías del embarazo (más allás de la semana 36), la terapia ha demostrado su utilidad, reduciendo el riesgo de contagio al niño


.¿Y SI YA ESTÁ TOMANDO TRATAMIENTO ANTIRRETROVIRAL?

Con las mujeres embarazadas que ya están tomando una terapia contra el VIH hay que decidir si seguir o suspender el tratamiento durante el primer trimestre. Suspender la terapia en esta fase para permitir un normal desarrollo de los órganos del bebé, puede causar empeoramiento de la madre, con aumento de la carga viral, lo que puede llevar a un mayor riesgo de contagio. Mantenerla podría aumentar las probabilidades de que se produzcan malformaciones fetales.

Por lo general la mayoría de los expertos coinciden en que si la situación de la madre es estable conviene mantener el tratamiento durante todo el embarazo. Cuando la madre no quiere por miedo a los efectos que pueda tener en el feto, se pueden hacer unas 'vacaciones terapéuticas' durante el primer trimestre. En caso de retirar el tratamiento se aconseja suspender todos los medicamentos a la vez, y cuando se reitroduzcan comenzar con todos al mismo tiempo.


En algunas ocasiones la retirada del tratamiento en el primer trimestre se plantea por otros motivos: las nauseas matutinas. Algunas mujeres embarazadas vomitan con frecuencia por las mañanas y no toleran bien la medicación o no están seguras de siel cumplimiento está siendo adecuado por los vómitos. En esos casos es mejor una suspensión completa del tratamiento que tomarlo de forma incorrecta, lo que podría aumentar el riesgo de que el virus se haga resistente y de contagio al niño.


¿Y SI LA MADRE NO HA RECIBIDO TRATAMIETNO DURANTE EL EMBARAZO?

En este caso existe un alto riesgo y se puede valorar el tratamiento del bebé con AZT y 3TC, dado que se conocen las dosis de ambos fármacos en el periodo neonatal. Otra opción parece el tratamiento con nevirapina, dados los excelentes resultados que ha tenido en algunos estudios. Puede estudiarse la posibilidad de añadir una dosis de este fármaco en las primeras horas de vida y una segunda a las 72 horas, una medida que consigue mantener la concentración de fármaco durante una semana. En el posparto se evaluará la situación de la madre y la necesidad de que inicie tratamiento. Algunos autores recomiendan tratamiento combinado para el recien nacido, especialmente si la madre presenta virus resistentes al tratamiento